Con una sala colmada, el Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti” de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires realizó la devolución de un ancestro indígena proveniente del Apu Chañi, junto con los objetos que integran su ajuar, a representantes de la Comunidad Aborigen El Angosto y de la Organización Comunitaria Aborigen “Sol de Mayo”, de la localidad de El Moreno, departamento de Tumbaya, provincia de Jujuy.
La ceremonia se desarrolló el pasado 27 de mayo en la sede del Museo y reunió a autoridades universitarias, integrantes de comunidades originarias, trabajadores del museo, investigadores, estudiantes y público general, en una jornada atravesada por la emoción, la reflexión y el reconocimiento histórico.
La directora del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti”, Andrea Pegoraro, afirmó que la devolución de restos humanos a comunidades originarias constituye “un acto de justicia y reparación histórica” y señaló que esta devolución marca “un cambio definitivo” en la relación entre los museos, la ciencia y los pueblos indígenas.
“Este acto marca el inicio de uno de los fundamentos de nuestro proyecto de gestión institucional, que consiste en la devolución de restos humanos a las comunidades originarias”, expresó Pegoraro. “No estamos entregando un bien patrimonial ni un objeto de estudio; estamos devolviendo un antepasado a su territorio y a su gente”.
El acto implicó la devolución de los restos de un niño momificado de entre 5 y 7 años, que ingresó al museo en 1905 por donación del teniente coronel Eduardo Pérez, durante la gestión del primer director de la institución, Juan B. Ambrosetti.
Pegoraro remarcó que el proceso se enmarca en una política institucional de la Facultad de Filosofía y Letras y de la Universidad de Buenos Aires basada en el reconocimiento de la pluralidad de identidades y en una mirada crítica sobre las narrativas históricas que negaron la existencia de pueblos indígenas anteriores a la colonia.
“Durante mucho tiempo los restos humanos fueron definidos como patrimonio, materiales bioarqueológicos, objetos o colecciones, identificados únicamente con un número, sin nombre ni identidad”, sostuvo. “La ciencia no puede pasar por encima de la dignidad humana ni del respeto a los ancestros”.
Durante la ceremonia, Clemente Flores, referente de la Comunidad Aborigen El Angosto, agradeció la predisposición del museo y destacó el valor profundo que tiene este regreso para las comunidades. “Significa llevar no solo los restos, sino llevar todo lo que tienen. Hay muchísima sabiduría; hay muchísimas cosas que hace siglos ya estuvieron en nosotros”, expresó. También señaló la continuidad viva de esos saberes y objetos en las comunidades actuales y definió al ancestro restituido como “un guardián” ligado especialmente al agua y a la vida en la Puna.
Por su parte, Rubén Fernando Galián, integrante de la Organización Comunitaria Aborigen “Sol de Mayo”, definió el momento como “muy importante, muy anhelado y de justicia”. “Toda la gente que se ha enterado de esta lucha ha sentido una sensación de deuda; y hoy se hizo justicia”, afirmó. Desde una dimensión espiritual y comunitaria, sostuvo que la devolución permitirá “un momento de equilibrio en nuestra naturaleza” y será también “una parte de devolver a nuestro Apu”.
El decano de nuestra Facultad, Ricardo Manetti, señaló que la devolución constituye “una reparación histórica” y subrayó la necesidad de revisar críticamente la historia de las instituciones científicas y académicas. “Es importante entender qué ocurrió con estas comunidades cuando los cuerpos se convertían en meros objetos de conocimiento y no entender que ahí había una vida, una historia, una comunidad y un territorio”, expresó.
Asimismo, vinculó el acto con los valores de “memoria, verdad y justicia” sostenidos históricamente por la universidad pública.
En el cierre de la ceremonia, el rector de la Universidad de Buenos Aires, Ricardo Gelpi, destacó la importancia ética e institucional de la devolución en el actual contexto que atraviesa la universidad pública y el sistema científico. “Que hayan hecho realmente este acto de justicia y, como dijo Andrea, un acto de ética, me parece algo realmente importante para la UBA”, sostuvo.
Pegoraro destacó además el papel de las investigaciones arqueológicas, antropológicas e históricas desarrolladas en universidades nacionales para dar cuenta de los procesos de invisibilización de los pueblos originarios y aportar fundamentos científicos, jurídicos y éticos al reconocimiento de sus derechos territoriales, culturales y espirituales.
“La rigurosidad de la ciencia nos permite desmontar el mito de una población de raíz exclusivamente europea y demostrar la diversidad de pueblos, lenguas, culturas e identidades étnicas que conforman nuestro territorio”, afirmó.
La directora explicó además que el proceso fue trabajado conjuntamente con los referentes comunitarios, acordando las modalidades de devolución, los contenidos del informe histórico sobre el niño del Apu Chañi y su ajuar, y la organización del acto, respetando tanto los procedimientos institucionales como las necesidades espirituales de la comunidad.
“Es devolver la paz a su memoria, permitir que descanse según sus propios ritos y sanar una herida abierta en el pasado”, concluyó.
El acto concluyó con la entrega del ancestro a sus comunidades y con la firma del acta oficial de devolución en un clima de profundo respeto y emoción compartida.
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